11 jul. 2016

Abril 04/16 16:04

Sumas facturas y descuentas despedidas. 
A veces es tan larga la cuenta que no sabes si pagar u olvidar lo prometido.

Toca volar y pensar que todo es posible, llenar el corazón de ilusión y creer en los sueños, hacer una oración pensando que la fe es todo lo que necesitas para seguir, llegar, para mover lo que parece inmóvil.

Quien no sueña no sabe de alegrías pequeñas; esas alegrías que regalan vida con la rapidez de un suspiro.

La voz que llama pasajeros extraviados no para, es un día movido en los pasillos del aeropuerto. Parece que a todos les cambiaron el gate sin previo aviso. Gente que corre y no mira a los lados, extranjeros muy bronceados, nacionales publicando su hazaña de salir del país. 
Para ser un aeropuerto mediano, internacional, pero mediano y un día lunes, el movimiento es entretenido. 
Todos se apuran a tomar un lugar cerca de la zona de carga para que la espera de 4 horas no se haga tan larga como en tiempos sin móvil con pilas. 

En el duty free las compras tienen aroma a chocolate y ron criollo. 
Somos muy latinos en este aeropuerto, vamos con chaquetas de cuero a 23 grados y usamos joyas porque "no hay peligro". Cosas normales…

Comienza otra crónica y no hemos embarcado, hoy con tempranas ganas de contar lo que se vive. 
Periscope me dice que hay acción en Detroit, que un diputado nos cuenta la nueva del día. Desconecto el móvil, me quedo sin pilas. 
El marabino de la silla de al lado me pregunta si soy de Maracaibo y a pesar que mi acento certifica que no lo soy, repite: tu cara me resulta "tan" familiar… baratija repetida.

La chica que muestra su ombligo y tiene más edad que su outfit pide "un ladito" para sentarse al lado del chico que se sienta justo frente a la zona de carga. 8 enchufes y 3 sillas en frente no rinden para 4 horas de espera, ya pasaron 2.

Aprovecho la pila de mi computadora para escribir y cargar mi móvil. 2 tweets y  2 fotos en instagram, 7 chats de whatsapp abiertos y una vuelta por gmail tiene la pila en 40%. Estos teléfonos cada vez aguantan menos. 

14:58, Ya compraron el ron y el chocolate. El gasto parece haber valido la pena. 

Tomo el agua que traje de casa, porque no es fácil conseguir agua en esta ciudad, no se sabe si en el aeropuerto habrá.
En la vuelta torturante por el duty free un perfume (de los que me gustan) cuesta 65.000 y la chica me dice el precio como quien cuenta el estado del tiempo. Acá 2 + 2 no son 4.
El aire acondicionado está al minino, supongo que ahorramos energía. Mi consuelo es que voy saliendo.

Me desconecto, voy a dibujar un rato. 
04/04/16 16:04