12 nov. 2013

Dormir en paz.

Esa sensación de vacío que te quita el aire, esa sensación de que estás al borde de caer. 

Los últimos 15 años de mi vida los he vivido peleando contra el mundo, mi mundo. Mi país es mi mundo.  Pensando y repitiendo que mi mundo podría estar mejor. 

He traído 2 chiquillas a esta vida y me aterra los que les puedo mostrar de mi mundo. 
He dedicado mis días a hacerlas sentir seguras, tranquilas. Que sus vidas sean para que disfruten de lo que consigan en su camino. 
Yo, en cambio, he perdido mis intenciones en unas pocas semanas. Mis intenciones de seguir siendo ciudadana de mi país, de quedarme peleando, haciendo lo mío, lo que me toca para que esa sensación de miedo, angustia, zozobra y desesperanza no sigan marcando mis buenos días. 

Quiero, desesperadamente salir corriendo. Hacer taima y olvidarme de esta sufridera y esta peleadera. Quiero, pero no puedo. Al menos, eso siento.
Soy parte de ese montón que se siente impotente al no tener "con qué". Salir de mi país podría ser una solución, vivir como extranjera tal vez sea menos complicado que esta vida asustada que se lleva mis días. 

Tengo 44 años, 2 hijas menores de edad, un empleo que me permite comer y dormir tranquila; pero hoy ya no tengo la paz para decir que estoy satisfecha con lo que le puedo ofrecer a mis hijas como futuro; peor aún, con lo que me puedo permitir vivir mi edad adulta porque ellas se ganarán su futuro, mientras yo siento perder el mío. 
Me deprime enormemente pensar que he pasado una vida entera sin miedos, haciendo mi parte para vivir en paz, dormir bien y que cuando me siento en mi mejor momento, mi entorno se vuelve imposible. 
Me preocupa el no poder dormir en paz y con el miedo de no saber que voy a poder hacer en 6 meses. 

Sé que mis hijas van a estar bien, mi temor es que sea sin mi.  Puedo vivir con eso, pero no quiero que nuestras vidas se nos llenen de ausencias.

Estos días he dormido menos de lo que acostumbro.


Estoy cansada.



Gaby.